El pecado nos separa de Dios

El pecado es una realidad que afecta a todos los seres humanos. Desde el principio de la historia, el pecado ha sido una barrera que nos separa de Dios. Exploraremos por qué el pecado nos aleja de Dios, dónde dice en la Biblia que el pecado nos separa de Dios, qué es estar separado de Dios y qué dice Romanos 8:32 sobre este tema.

Por qué el pecado nos aleja de Dios

El pecado nos aleja de Dios porque es una violación de su ley y su carácter santo. Dios es perfectamente santo y justo, y el pecado es una ofensa contra su santidad. El pecado también nos separa de Dios porque nos hace esclavos de nuestros propios deseos y pasiones, en lugar de buscar la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Donde dice en la Biblia que el pecado nos separa de Dios

La Biblia es clara en que el pecado nos separa de Dios. En Isaías 59:2, se nos dice que «vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.» También en Romanos 3:23, se nos dice que «todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.»

Qué es estar separado de Dios

Estar separado de Dios significa que estamos alejados de su presencia y su amor. El pecado nos separa de Dios y nos deja en un estado de alienación espiritual. Estar separado de Dios también significa que estamos bajo su ira y juicio, ya que el pecado es una ofensa contra su santidad y justicia.

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Qué dice Romanos 8:32

En Romanos 8:32, se nos dice que «el que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» Este versículo nos muestra que Dios nos ama tanto que envió a su Hijo Jesucristo para morir por nuestros pecados y reconciliarnos con él. A través de la fe en Jesucristo, podemos ser perdonados y restaurados a una relación con Dios.

Conclusión

El pecado es una realidad que nos separa de Dios, pero gracias a la obra de Jesucristo en la cruz, podemos ser reconciliados con él. Es importante reconocer nuestra necesidad de perdón y arrepentirnos de nuestros pecados para poder experimentar la plenitud de la vida en Cristo. Que podamos buscar siempre la voluntad de Dios para nuestras vidas y vivir en obediencia a su palabra.

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